Adolescencia: el renacer del sexo Adolescencia: el renacer del sexo

La sexualidad es importante para todo el mundo, sin embargo muchas veces es difícil reflexionar sobre cómo la vivimos y esto no es privativo de ninguna edad. La mayoría de las veces hablamos de ella como si existiera solamente cuando se tiene ganas de tener sexo o hacer el amor, pero la sexualidad comienza con la vida.


Toda nuestra infancia y nuestra vida está marcada por el desarrollo de la sexualidad. Lo que cambia es cómo la vivenciamos, la pensamos y qué hacemos con eso. Durante la adolescencia se trata de asociarla con los cambios físicos que se producen entre los 12 y 18 años. Es sabido que en la adolescencia aparece un renacer de la sexualidad. Esta parece colmar la existencia, se descubre un nuevo mundo, se lee la realidad de otro modo y se fantasea, aunque en un primer momento y de modo sumamente necesario (puesto que forma parte del reconocimiento del nuevo cuerpo) se cae en la experimentación de un placer autoerótico.


De allí que aparezca una especial preocupación por el atractivo personal. En relación al redescubrimiento del cuerpo, otro factor a tener en cuenta es la falta de información en cuestiones sutiles pero de importancia que provocan incertidumbre y malestar. Por ejemplo, muchas adolescentes no se dan cuenta que los mayores niveles de estrógeno que circulan por su sangre producen un flujo vaginal perfectamente normal y a menudo suelen preocuparse si se les mancha la bombacha. Los varones, en tanto, pueden reaccionar de igual manera ante la frecuente aparición de erecciones repentinas en los momentos más inoportunos.


Es sabido lo importante que resulta para un adolescente forjarse una nueva identidad que trata de dar sentido, explicación y coherencia a la sexualidad y a las relaciones sexuales. Es en este punto donde se juegan las expectativas del papel sexual dictadas por la sociedad, y los estereotipos culturales respecto de las características y comportamientos adecuados de varones y mujeres. Así es común ver varones que sienten que deben ser deportistas, emocionalmente controlados, que les debe gustar correr riesgos o ser mujeriegos, y mujeres que sienten que deben ser atractivas, comprensivas e inalcanzables a la hora de tener una relación sexual. Esto ayuda a tener un sistema personal de valores sexuales muchas veces contradictorio.


La incomodidad que produce la cuestión sexual constituye un obstáculo para la comunicación clara y sincera con los hijos. Más importante que la información en sí es el interés por el bienestar sexual y emocional. Por supuesto que la información concreta es importante pero por más que se exponga de una manera completa e interesante tendrá un valor limitado desde el punto de vista humano si nuestras actitudes hacia la sexualidad son negativas. Llamamos actitudes negativas a aquellos discursos contradictorios. No importa tanto lo que se diga sino poder ser sincero con las preguntas y respuestas, aunque a veces sea un "no sé", porque esto abre las puertas a la investigación, mientras que una respuesta contradictoria confunde y potencia el malestar.


Lo importante en esta fase de la vida es abrir un espacio para la curiosidad con conversaciones claras y sinceras, con reglas bien establecidas y sin mensajes contradictorios. Para esto es primordial reconocer en uno cómo se piensa y vivencia la sexualidad para posibilitar el encuentro con el otro. Eso es lo que necesita el adolescente: ni recetas ni información enciclopédica sino encuentros. De allí la importancia de incluir estos espacios en la escuela porque hay muchos padres que tienen dificultades para abordar este tema con los hijos.


La sexualidad no es un problema sino un ámbito de la vida donde lo importante es siempre respetar y respetarse los tiempos, la privacidad y el espacio íntimo donde se pueda desplegar la curiosidad y el placer que siempre van de la mano.


Nicolás Mylonas (master en neurociencias)


Paula Sánchez (terapeuta sexual)

 

Fuente original: http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2007/12/09/noticia_0108.html